Desde el año pasado le pedí ayuda a Beto para estudiar, y jamás me pudo dar algo de su tiempo para ayudarme a pesar de que me lo prometió, porque siempre les dio preferencia a sus rodadas nocturnas, a las visitas de su tío que lo llevaría a comer en restaurantes caros, las visitas de su prima para ir a tiendas departamentales y no levantarse temprano.

Ahora él entrará a la Universidad éste año pues pasó su examen, mientras que yo tengo que seguir estudiando porque no pasé. Pero bueno, la culpa es mía por no estudiar lo suficiente y confiar en las promesas de ayuda de los demás.

Es doloroso verlo y sentirme furiosa. Hay momentos en que siento que lo odio, pero sé que el enojo es realmente conmigo. Porque nadie más tiene la culpa de mi propia situación que yo.

Mucha gente me dice que le eche más ganas, que me rompa la madre, que no piense tonterías y que si realmente quiero algo que me esfuerce. Pero, la verdad, ya no sé, porque ya me pasó que, por más que le eché ganas a algo y estuve con la actitud más positiva, no lo logré. Y aunque tuve esa actitud positiva de “no importa, lo intenté, lo puedo hacer otra vez y seguiré hasta lograrlo”, en realidad nunca lo conseguí. Es ahí cuando me dicen “entonces no era para ti”, ¿entonces qué, jamás podrá ser algo mío?, ¿qué chingados hago, entonces? Nuevamente nadie puede responderme eso porque es mi vida y yo tengo que saber qué pedo. O sea, no tengo garantía en nada.

Nada.

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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