Día 55

Hoy estuvimos Mariana, Christian (ellos son novios) y yo. Mariana es la hermana menor de mi tocaya y me cae bien (cualquiera que no sea David o mi tocaya me cae bien). El día había transcurrido normal, con los problemas que implica una cafetería. Christian o Mariana, no sé quién fue, descubrió que el congelador se había quedado desconectado y el helado de chocolate estaba derretido por todo el piso del congelador.

De repente recordé el insecto y le pregunté a Christian sobre el. Lo había arrancado con la escoba y luego tirado a la basura antes de abrir hoy. Mariana me dijo que le contara mi versión, y le mencioné “es una maldición”. Ella me dijo “yo no creo en esas cosas, de seguro alguien lo hizo de broma o por mala onda”. No pude evitar decirle “fue lo  mismo que pensé, pero te recomiendo no tomar este tipo de cosas a la ligera porque son ciertas, te lo digo por experiencia y comencé a contarle varias cosas que pasaban en casa de Ruth. No pretendía derribar su muro de escepticismo, tenía todo el derecho de tenerlo puesto tan alto como quisiera, pero siempre he pensado que hay que darle una oportunidad a las cosas y comprobar si son ciertas o no.

Más tarde recordé Christian y Mariana no conocían a George Michael (en serio, en qué mundo viven estos chavos), y puse el album de Patience en mi celular, conectándolo a las bocinas, para que lo escucharan.

Al rededor de las nueve de la noche, en vista de que ya no teníamos gente, les pregunté a qué hora íbamos a cerrar, y Mariana me contestó que a las nueve y media. Cuando terminó el album vi la hora que era, 9:22 pm, y desconecté mi celular para llamarle a Daniel, preguntarle si quería que llevara algo de cenar y avisarle a qué hora iba a salir.
9:22 Terminé mi llamada y me senté en el escalón que hay antes de entrar a la cocina, escondida atrás de la vitrina refrigerada. Christian y Mariana estaban sentados en unas sillas sobrantes que se colocan a un lado de la barra, desde ahí pudiendo vigilar las mesas y hacia afuera. Y así, mientras llegaba la hora para cerrar, cada quien se puso a entretenerse con sus celulares. Todo estaba tranquilo y silencioso.

9:27: Veía una información sobre Sakura Card Captors (?) en mi celular cuando escuché la voz de un sujeto que le decía a Christian “no te levantes, no se levanten, denme celulares, dinero y todo lo que traigan”.

Mierda. Estuve dos meses aquí y justo en mi último día ocurre el primer asalto de la cafetería desde que abrió a pincipios de año.

Dejé de hacer lo que estaba haciendo con mi celular y lo escondí en un mueble donde se meten trapos, herramientas y demás cosas que se usan esporádicamente. Ya no alcancé a esconder mis audífonos porque estaban en mi pantalón, iba a tardar mucho tiempo en sacarlos para esconderlos con el celular. Me levanté despacio con apariencia de no saber qué pasaba. Tuve tiempo suficiente para calcular los movimientos que podía realizar estando acorralada en ese pequeño espacio entre la vitrina y el cuarto de la cocina, en caso de que se le ocurriera hacerme algo o pedirme mis cosas, y pude observar un poco el rostro del tipo: cara larga y nariz aguileña, ojos un poco grandes y mirada objetiva. No se trataba de un principiante. El asaltante no me esperaba porque pareció sorprendido cuando me notó. Me apuntó con la pistola (qué novedad), “no hagas ninguna pendejada”, y alcé mis manos en señal de que no tenía nada qué esconder y mostré sumisión. Comenzó a arrear a mis compañeros hacia dentro de la cafetería, donde estaba yo y me hice hacia atrás, subiéndome al escalón de la entrada de la cocina. Christian recibió un zape con el cachazo de la pistola mientras aparecía otro sujeto. El asaltante pidió el dinero de la caja y el reloj de Christian. Mientras Mariana estaba echando el dinero de la caja dentro de una mochila que tenía el otro sujeto (que era un poco más algo, cabello corto teñido de rubio, y gordo), el primer asaltante observaba a Christian quitándose el reloj de su muñeca con dificultad. El asaltante me sorprendió observándolo y dijo “Qué, ¿me vas a sacar la foto o qué? Métete [a la cocina], es más, métanse, métanse todos”.

Finalmente nos tenía a todos acorralados en la escondida cocina, y sólo teníamos que esperar a que no se les ocurriera alguna especie de chantaje para hacer un secuestro, o algo así. Nos tuvo a todos viendo hacia la pared, “y si se les ocurre voltear les voy a meter un p_to plomazo, pero no vale la pena matarlos porque son una bola de pendejos babosos. OH, SEÑOR ASALTANTE, QUÉ CONSIDERADO ES USTED AL PRETENDER PAGAR NUESTROS FUNERALES, PERO MIRE, SI NOS MATA NO SE PREOCUPE, YO LE PUEDO AYUDAR CON MI FUNERAL CON LOS QUINIENTOS SEMANALES QUE RECIBO DE ESTA CAFETERÍA.

El asaltante se llevó la mochila de Christian antes de salir de la cocina, “voy a estar afuera, si se salen ya saben qué les va a pasar”. Desde dentro podíamos escuchar cómo  movían cosas buscando qué llevarse, por lo visto no les llamó la atención buscar cerca de la cafetera, pero obviamente tenían que moverse rápido, no tenían tiempo para registrar todo el lugar por muy pequeño que fuera. Mariana quedó más cerca de la entrada de la cocina y nos pudo decir que ya se habían ido. Salimos temblorosos del miedo y del coraje. Christian y Mariana se habían salido de la cafetería, ya no había nadie, mientras yo buscaba mi celular que seguía ahí. “No puede ser, la libré, ni siquiera me pidieron vaciar mis bolsillos. La libré”, y fuimos presurosos al restaurante que está a dos locales de la cafetería. Christian les preguntó si le permitían usar el teléfono para llamar a la policía pues nos habían asaltado, y sorprendidos llamaron ellos mismos a una patrulla. Cuando me preguntaron si a mi me habían quitado algo les dije que no, pues había escondido mi celular. Lo saqué del bolsillo de mi mandil y Christian me dijo “guárdalo, guárdalo, nos están viendo desde ese taxi”, a chingá, ¿siguen por aquí? Entonces me metí al restaurante y le marqué a Daniel, con quien había hablado hacía menos de diez minutos.

9:30
— Hola, Ceci, ¿qué pachó?
— Nos acaban de asaltar.
— … ¿Qué? Pe-pero… ¡¿Pero cómo?!

Yo estaba tan sorprendida como él, pero mi sorpresa tenía otro fundamento, ¿en verdad este hecho tiene relación con el insecto que había aparecido ayer? Y si es así, ¿fue por mi que me libré de salir afectada? Soy una bruja.

En lo que llegaba Daniel por mi les presté mi teléfono a Christian y a Mariana, para que mandaran mensajes y le hablaran al dueño. Daniel llegó y luego la patrulla. El taxi sospechoso se había ido y nadie había alcanzado a anotar el número y la matrícula. Mientras cerrábamos el local dábamos datos y descripciones de los asaltantes, una empleada del restaurante estaba ayudando con la descripción pues parecía que ya habían intentado hacer un asalto en el restaurante. Mencionamos el insecto. Unos minutos más tarde, después de que habíamos cerrado totalmente el local, llegó el dueño. Seguían hablando con el oficial de policía, diciéndonos a dónde llamar en caso de emergencias, denuncias y demás. Yo consideraba no insistir con que me pagara el dueño, “Este… ¿le hablo mañana?” y me dic“no, no, te pago de una vez. Muchas gracias por todo, Ceci, que tengan una bonita noche”.

Y así terminaron mis días en la cafetería Bothezza.

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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