Otro comienzo

Estos días han sido un poco difíciles de sobre llevar, porque todo lo que pasa, a donde sea que voy, cualquier canción que escuche (bueno, de la que suelo escuchar, excepto la música de gangsta nigga (?)), me recuerdan a ti. Antes siempre estabas presente en mi mente, pero ahora es como si estuvieras en todos lados.

Me costó trabajo distinguir si la gente se parecía a ti, pero entendí que me recuerdan a ti. Cada persona, cada instante. En el parque, en el metro. En el trabajo, en la tienda. En el pórtico, a la vuelta de la esquina… Tengo la sensación de que si voy hacia esos lugares te voy a encontrar, pero cuando llego no hay nadie.

Nadie.

Y duele.

Porque de la misma forma que empezó, terminó.

Ya no te llamaré todas las noches, preguntándote cómo estás y cómo había estado tu día. El sábado ya no supe si ensayaste o no, y si tuviste ensayo, qué habías aprendido. Ya no compartiremos imágenes ni videos por internet. No sabré qué descubriste ni yo te podré mostrar lo que encontré. Ya no te escucharé gritando mi nombre para que salga a abrir la puerta y que entres. Ya no comerás de mi super deliciosa y tres veces hervida sopa de lentejas. Ya no iremos a comprar nieve de limón ni a buscar tacos al pastor juntos.

¿Sabes? El sábado siguiente, en la noche, fui a casa de Ruth porque me lo pidió, ya que saldría de fiesta y no había quién cuidara a la Kinita. Cuando llegué por fin al departamento y fui al consultorio, al abrir la puerta se encendió la luz y te vi recostado en la colchoneta leyendo un libro, de esos libros de algún autor que seguramente no conocía pero que he oído hablar, y que lo más seguro es que era un buen libro. Me congelé después de que mi respiración se apagara junto con la luz que duró un pequeñísimo instante, pero el tiempo suficiente para que te contemplara entero. Y después no había nada otra vez. Me dejé caer sobre mis rodillas, haciendo todo a un lado para llegar hasta la parte de la colchoneta donde te vi. Lloré y pedí a gritos que volvieras, sabía que no pasaría nada, pero no me rendí y seguí gritando mi deseo.

Que estuviéramos juntos una vez más, verte y tocarte una vez más. Tan sólo una oportunidad más para escuchar tu voz y sentir tus manos acariciando mi cabello. Sujetarme de tu brazo y que beses mi mano sin razón aparente. Preguntarte de cosas que no sé, que me expliques cosas que no entiendo. Ver una película juntos, pasear por el parque. Que me hagas reír con chistes y bromas cuando mi sonrisa se desvanece. Caminar por la calle de noche y ver cómo las estrellas empiezan a caer sobre nosotros. Llegar a casa empapados por la lluvia y quedarnos en la cama juntos, sólo nosotros dos sintiéndonos y acariciándonos. Besarte hasta que los labios se me entuman. Sentir tu aliento sobre mi frente, el olor de tu cabello. Tus brazos sosteniéndome, posar mi cabeza en tu pecho. Cubriéndome con tu espalda. Susurrando palabras dulces de amor en mi oído.

Te extraño mucho, y no puedo hacer nada más que seguir adelante. No es un dolor que esté arrastrando, ni es un sufrimiento que estoy cargando. Es un motor que me está costando trabajo aprender a usar, pero que poco a poco estoy logrando entender.

Me intriga mucho saber si seguirás visitándome aquí; leyendo lo que escribo, escuchando las canciones que musicalizan mis días, viendo los videos que me hacen el día. A veces sentía que podría escribirte cartas sin importar si no tenía respuestas tuyas, pero ahora pareciera que es importante. Pero tampoco sé qué tanto piensas en mi, si lo haces con la misma potencia que yo. Tal vez tu nostalgia es más fuerte que la mía y por eso no te atreves a venir aquí. O tal vez no, pero simplemente no quieres entrar aquí porque ya no quieres saber nada de mi. No lo sé. Y de hecho es algo que hasta me molesta, pero finalmente eso es mi problema, y no tienes que darme respuesta de nada si no quieres (es que soy muy impaciente y la ansiedad me derrite rápido, soy un desmadre, perdón (?)). Pero bueno, entiendo también que si nuestros caminos tienen que volver a juntarse lo harán, y cuando eso suceda será otro momento mágico, porque la magia existe y contigo lo he comprobado.

Gracias a eso sé que pase lo que pase todo va a estar bien, y que en realidad no tengo nada de qué preocuparme. Mientras tanto seguiré escribiendo, porque es la única forma que tengo ahorita, además de cantar y dibujar, para terminar de sacar el dolor. Me gustaría que tu también estés recibiendo apoyo por parte de la gente que te quiere, que igual estés sacando el dolor a tu manera; con tu música, con Cortázar y sus libros, estudiando. Excepto embriagarte con alcohol, nyo, dame dame, eso no, fuchi (?).

Seguiré deseándote un buen día, buena suerte, buenas noches y dulces sueños todos los días, como sentí que siempre lo hice. Dibujando y jugando con Rita todo el tiempo que pueda. Estudiando y aprendiendo todos los días cosas nuevas. Leeré más, me enojaré menos.

Espero algún día volvernos a encontrar y estar juntos de nuevo. Tengo mi esperanza en ése deseo que ojalá se cumpla. Si no es en esta vida, será en la que sigue, no importa. Te seguiré esperando aún cuando llegues tarde.

Escribí esto con la intensión de que supieras cómo me siento en estos momentos, nada más. Quiero que sepas que estoy bien, que Rita está más grande, juega, come y caga más, es una máquina de travesuras de cuatro patas, está hermosa. Que a pesar de mi tristeza estoy más animada. Que todo va a estar bien, que vamos a lograr muchas cosas por nosotros mismos, que lograremos llegar a la meta, que seremos personas muy felices, que te extraño mucho y que te amo un chingo.

Te amo

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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