Tengo frío

Hoy quiero platicar contigo. Sé que tienes cosas que hacer, asuntos qué atender, comida qué comer y otra cama dónde dormir. No es necesario que atiendas mi deseo egoísta de querer platicar contigo. Sólo quiero que quede plasmado en algún otro lugar que en mi corazón, para que éste ya no se atormente tanto y me deje dormir tranquila, aunque el deseo todavía arda en el.

Escucharte hablar, que me hables de cosas que te gustan, de tus recuerdos, de tus anhelos, de ti. Quiero que tu cadencia me arrulle y me lleve a donde ella quiera. Que me muestre los paisajes y los caminos que abundan en tu corazón, y quedarme en una de esas montañas de deseos bajo la sombra de un árbol un ratito, hasta que termines de hablar.

Cuando digo que me acostumbré a dormir contigo, es porque siento más frío en las noches cuando no estamos juntos. El frío se me quita si uso más cobijas con qué taparme, si me pongo la piyama, si bebo un té caliente, pero el calor que siento cuando duermo contigo es especial, es único. Es un calor dulce y hogareño, un calor que quisiera llevarme conmigo a todos lados, como la enorme mochila que cargaba en la escuela, pero como no se puede, te abrazo y te beso en exceso. De igual forma lo hago porque me gusta, quiero que sepas lo mucho que te amo y lo mucho que quiero que estés conmigo.

Esta noche te extraño, esta noche tengo frío.

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