Cómo vivir y sobrevivir fingiendo

Renuncié.

Renuncié a ese trabajo al que tantas ganas le había echado para que me hiciera crecer, porque entendí que debo someterme ante los hombres que me rodean en el espacio laboral, que debo ser amable, dulce y alegre ante sus estúpidos chistes, sus insulsas bromas y sus inútiles agresiones.

Que yo siempre estaré mal en todo lo que diga y haga.

Que estoy loca porque es natural en mi condición de mujer, por eso malinterpreto sus actos para conmigo.

Porque por tener vagina soy más vulnerable y lenta mentalmente (pendeja), y por eso carezco de ciertas virtudes que los hombres tienen gracias a su poderoso pene, haciéndome inútil para absolútamente cualquier cosa que implique tanto esfuerzo físico como intelectual.

Así pues, por todo eso y más, incomodo a los demás porque no los dejo ser ellos mismos, no los dejo explayarse en sus pláticas varoniles ni en su lucha constante de poderes. Su virilidad es tan extrema, que me da envidia.

Ojalá yo pudiera ser propiedad de alguno de ellos, pero tuve que ser tan pendeja como para no dejarme ser objeto de alguien.

Mi último día será este fin de mes.

Qué pena, mi vida es triste.

Yao Ming y todo esto me tiene taaaaaan consternada y taaaaaan preocupada…

FIN

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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