Batman y su cabello negro que asciende de noche

Fuimos Efrén y yo, temprano en la mañana, a ver por fin la tercera película de la trilogía de Batman de Christopher Nolan. Y digo “por fin” porque estábamos intentando verla desde el domingo pasado (que fue nuestro 5° mesversario lol).

Efrén estaba muy emocionado por ver la película desde que empezaron a anunciarla. O al menos lo noté más motivado que nunca por verla. Siempre la mencionaba en cada conversación que teníamos, ya fuera que habláramos en persona o por chat. Memes relacionados, noticias (balaceras en cines), leer “reseñas” o simple información de los orígenes de las películas, y así. De esa manera supe que ya no se trataba solamente de gusto, sino que era necesario que la viera. Y, la verdad, no es por presumir pero tuve razón

Yo jamás había visto las otras dos películas (Batman Begins y Batman: The Dark Knight) pero ya tenía razones importantes para verlas: no perderme de la tercera película porque desde los anuncios se veía muy buena, y que Efrén quería que la viera con él. Así que nos dedicamos a ver las otras dos películas. Desgraciadamente las vimos en lapsos de días, tanto en el café como en casa de mis padres, con muchas interrupciones, pero las vi. Y como sea, valió la pena. Oh, sí que la valió. Me gustaron bastante.

Para ver Batman: The Dark Knight Rises tuvimos que ir a otro cine donde la tuvieran a las 10 de la mañana, más tarde no podía ser porque teníamos que ir a trabajar.

Hubo drama al principio porque cuando llegamos al cine, aproximadamente a las 9:50 y tantos de la mañana, estaba cerrado. Nos sentimos engañados, piñados (como diría Arashi). No fuimos los únicos, otra pareja también había ido a esa hora. Afortunadamente sólo se trataba de un delirio, a los pocos minutos para las 10 de la mañana abrieron el cine. Otra cosa, olvidé mi credencial de estudiante, así que nada más le harían descuento a Efrén, pero el chico que nos cobró no se molestó en pedir nuestras credenciales cuando le pregunté que si hacían el descuento. Je, en verdad, tenemos una suerte…

Entramos por fin a la sala supuestamente correspondiente, faltaba poco para que empezara la película pero no pasaba nada. No fue hasta que Efrén empezó a silbar para llamar la atención (no se sabe a quién exactamente, pero alguien cayó) cuando llegó uno de los encargados a preguntarnos qué película íbamos a ver. Le dijimos que pues la de Batman. Nos pidió los boletos, se los dimos y luego nos llevó a la sala correcta. Por suerte para la salud física y mental de los que nos mandaron a la sala equivocada, apenas estaban los anuncios.

La película, obviamente, no la contaré, pero quiero mencionar que fue como ver una serie de televisión. Pasaban escenas de las primeras dos películas (fueron muy poquitas), así que seguido sentía la nostalgia. Batman siempre ha sido mi superhéroe favorito, pero nunca he podido tener la dedicación que le quiero dar para seguir bien la historia, por eso casi no hablo de él. Para mi, Batman y su mundo (al menos como lo reflejan los hermanos Nolan, que me gustó mucho) es, a nivel emocional, muy interesante. Batman es obscuro, cálido, enfermo, emotivo. No son simples películas de acción de superhéroes, con efectos especiales costosos, chicas modelo en lencería o ropa pequeña, armatostes hechos a computadora y una historia vacía.

Es más, tan importantes son, que es necesario invertir para tener las películas originales.

Más o menos pasando la mitad de la película me llegan las ganas, afortunadamente controlables, de ir al baño. Carajo, estúpida vejiga, ¿por qué me tratas así? Orz, como sea, nada me zafaría de mi asiento hasta terminar de ver la película. Ni siquiera las ganas de cubrirme con mi chamarra gris, que ni siquiera podía encontrar a la mano, todavía no quería darla por perdida, tal vez estaba por ahí escondida.

En varias ocasiones las dos películas anteriores me sacaron un par de lágrimas, la tercera no sería la excepción. A Efrén le pegó más, y aunque aparentemente fuera de esperarse, fue sorpresa para mí. Una sorpresa reconfortante y tierna, por cierto.

La película terminó casi a la 1 pm, por fin la habíamos visto en el cine. A Efrén le encantó, obviamente, y no dudó en aplaudir cuando empezaron los créditos. No había nadie, así que, ¿qué demonios? Yo también aplaudí, pero mi vejiga estaba jodiendo y me tuve que salir corriendo de la sala. Creo que antes de eso le mencioné que mi chamarra gris no estaba.

Saliendo del baño fui con el chico que nos había atendido anteriormente para preguntarle si me podía dar nuestros boletos. Me dijo que a lo mejor no, porque como nos dieron los de otra sala, se reembolsaron y la wea oblonga. Le insistí y me preguntó “¿Te urgen mucho?”, y recordé no sólo la importancia que tenía ésta película para Efrén, sino la importancia de que los dos la fuimos a ver al cine y que siempre guardamos los boletos de cada película que vemos. Le dije “Sí, son MUY importantes”. Al principio me pidió que lo esperara, después, que lo siguiera. Buscó en una lista, en cajones y así. Por poco me decía que no me los iba a poder dar hasta que se le ocurrió algo y fue hacia un bote de basura. De repente, Efrén apareció a un lado de mí, sus ojos estaban rojos y tenía una sonrisa tranquila, como satisfecho. El chico sacó los boletos arrugados del bote de basura y con orgullo los tomamos.

Efrén me preguntó que si le podía comprar unas palomitas, y sin pensarlo tanto le dije que sí. Era como ver a un niño divirtiéndose en una feria. Sonará extraño, pero sentí mucha ternura por él.

Ahora sólo teníamos que ver si podíamos encontrar mi chamarra. Por poco buscamos en casi toda la plaza, pero creo que después de casi tres horas en las que se la pudieron haber llevado, iba a ser imposible encontrarla.

Me desvelé, me levanté temprano, no desayuné bien, perdí mi chamarra gris y no estoy molesta. La verdad todo eso valió la pena.

Todo.

Le agradezco a Efrén por haberme mostrado esa trilogía. Nunca la hubiera visto si no hubiera sido por él.

Sólo falta ir por el poster c:

 

FIN

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