Si no soy John Lennon, soy su hija perdida

La otra noche iba viajando en metro camino a casa de mis padres, eran las 22:45, una hora antes había salido de trabajar. Estaba a cuatro o tres estaciones de llegar a mi destino. El tren hace parada en la estación y se queda así durante un par de minutos. Mientras el tren estaba detenido, una que otra persona entraba al vagón, sintiéndose afortunada de haber alcanzado el tren estando pausado.

Cansada yo de la gente, la observo y la escucho. Platican, están entretenidos con un libro o con algún aparato tecnológico. En cambio yo, junto con otros más, observo a mí al rededor y sueño despierta, así que no es de extrañarse que mi mirada se cruce con la de otra persona, o que la mirada de otra persona se cruce con la mía.

Estaba sentada en un asiento que quedaba más cerca a una de las puertas del vagón. Desde ahí vi, como a cualquier persona, a un hombre joven con aspecto de vago cargando una mochila grande, entrando al vagón por la siguiente puerta a la mía, cansado de correr. Yo seguía observando a la gente, soñando despierta, cuando noto que éste sujeto no me quitaba la vista de encima. Pensé “Bueno, le habré llamado la atención o algo así. No sé por qué, estoy vestida muy casual (?)”. Después de un rato, el tipo decididamente tomó sus cosas y salió del vagón. No pensé en sus razones, no analicé su actitud, el sujeto no me importaba, era alguien más en el vagón del metro. Comenzó a importarme cuando el tipo volvió a entrar al vagón, pero desde la entrada que estaba junto a mi asiento y dejó sus cosas al lado de mí. Empecé a sospechar y a ponerme nerviosa, ¿será que el tipo estaba interesado en hablar conmigo? Mis sospechas no tardaron en disiparse cuando el sujeto se sostuvo de los tubos del vagón y me habló directamente.

Tu eres la hija de John Lennon.

Pensé “Otra vez la misma cantaleta”. De la misma forma directa le dije “No, no soy hija de John Lennon”. El sujeto insistió. “¿No tienes alguna relación con John Lennon?”.

La palabra “carajo” sonó repetidas veces en mi mente.
–No, no soy pariente de John Lennon. No conocí a John Lennon y ni siquiera soy inglesa– le dije con un ligero tono de molestia.

El tipo me observa y me dice –Parece que eres una persona interesante, y tu sonrisa me dice que eres una persona muy sencilla– y sonríe suavemente con una mirada perdida.

Pensé “Ah, claro. Ahora entiendo. ¿Quieres simpatizar conmigo, eh? Si, pues, gracias, no me interesas”. Me limité a soltar una pequeña risita sarcástica. Mi cerebro me hizo pensar que así me vería simpática (?).

El sujeto hizo una pausa reflexiva y me observa fijamente, como si yo, lejos de ser un simple ser humano, fuera una especie de ente mágico que apareció de repente en un momento preciso de su vida, y que le iba a decir algo que le fuera a dar algún tipo de revelación divina en relación con ella. Se acerca un poco más a mí y me pregunta, manera de reto:

¿Quién eres?

Lo primero que pensé fue “WTF, ¿debería gastarme una respuesta ingeniosa o simplemente darle el avión y seguir con mi vida?” Le dije –Soy una persona común y corriente, viajando en metro, camino a su casa *mirada expectativa*–.

Su boca quedó cerrada, sus ojos entreabiertos, su ropa hecha jirones y su mente como un mazacote. Yo ansiaba que mi respuesta hubiera sido suficiente para alejarlo, que me mandara al diablo; que me olvidara. Pero NOOOOOOOO, NO, NO, NOOOOOOO.

¿Y cuál fue mi impresión cuando el vago sacó un iPhone de sus pantalones?
Hipster.

Maldito hipster, nomás me está troleando.

El sujeto se quedó callado un par de minutos hasta que me preguntó “¿Y qué haces?”
Me cargaba el payaso.
–Viajo en metro a mi casa

No sé si el tipo pensó que, o había hecho una pregunta muy pendeja, o yo fui muy pendeja al contestarle así (hipsters, quién los entiende (?)). Corrigió su pregunta – ¿Qué te gusta hacer? –.

Le respondí –Ah, pues… Dibujar, leer, ver televisión… Cosas de ese estilo (?)– Porque, al final, ¿qué le importaba?

– ¿Trabajas? – Pregunta con cierta inercia.
– Oh. Sí, trabajo – Desgastada por escuchar y responder la pregunta.
– ¿En dónde trabajas? – Hablando con cierto interés. Como si fuera la primera persona en decirle que tiene un trabajo.
– En un café internet – Aburrida de lo mismo.
– Oh… ¿Y en dónde queda? – Atento a mi respuesta.
– Leeeejos, lejos. Muy lejos de aquí – Aguantando la risa mientras intento mantener el tono serio.

El tipo hizo un gesto con la cabeza –Ah…– dijo, a manera de suspiro, y no me volvió a decir nada en un buen rato.

Pensé “¿Ya? ¿Ya no me va a decir nada? Por fin, y ya falta poco para llegar a la casa”.

Y de repente dice – ¿Y por dónde vives? –
“¡P_ta madre! Pensé. Me puse demasiado nerviosa –Por Taxqueña *sonrisa derp*–

Como vio que no agregaba más a mi frase, insistió –Si, pero por dónde–.
Maldije hacia mis adentros. ¿Por qué insistía en saber eso? ¿No notaba que no me importaba responderle? ¿Que no quería socializar con el de ninguna manera y en ningún sentido? No le pregunté ni siquiera cómo se llamaba, ni me iba a molestar en regresarle las preguntas que me había hecho, no me interesaba en lo más mínimo saber de él. Ansiaba que el tipo dejara de hablarme. Si intentaba ligarme o algo así, pues la cagó desde un principio al compararme con John Lennon. Mi siguiente respuesta iba a ser “YA P_TO, YA DÉJAME EN PAZ PINSHI HIPSTER MAMÓN, TENGO NOVIO Y TE VA A MADREAR Y TE VA A P_TEAR Y TE VOY A JODER EL AYFON SI NO ME DEJAS DE ESTAR CHINGANDO, ¿OK? YA DEJA DE HABLARME, P_TA MADRE”, pero en lugar de eso le dije –Por ahí–.

Se incomodó un poco con mi respuesta corta, y se atrevió a preguntarme – ¿Por qué no me quieres decir en dónde vives? –

Y notablemente incómoda le dije – ¡Porque no te conozco! –

El sujeto, con los labios estirados a manera de sonrisa, contempló sus manos (??????) y entonces pensé “Un momento…”, giré hacia arriba y sus ojos estaban rojos.

AHORA SÍ, TODO TENÍA SENTIDO.

Dieron las 23:00 y por fin el tren llegó a Taxqueña, nuestro destino final. Me levanté, me acomodé para ponerme la chamarra, me paré imponente frente a la salida que quedaba más cerca de mí y esperé a que abrieran la puerta.

No había mucha gente. Odio cuando hay mucha gente porque se ponen muy agresivos, como si fuera un montón de animales de diferentes especies que no pueden convivir entre ellos.

Sonó la alarma y se abrieron las puertas. Salimos todos del tren listos para llegar a nuestros respectivos destinos. Cada quien iba en su propio camino, ocupados con sus asuntos, ya fuera en su mente con su imaginación o un libro, con sus celulares, un reproductor portátil de música o con cualquier aparato que llevaran en las manos.

Yo me concentré en alejarme de toda la gente. No quería que aquél sujeto me siguiera. Ni siquiera me atreví a ver si aún estaba cerca de mí, o que me siguiera aunque fuera con la mirada. No quería correr, no quería verme muy obvia, así que sólo caminé rápido.

A veces, muy a veces, cuando es muy noche y tengo que llegar a casa, para evitar que la gente note que tengo miedo muevo los hombros exageradamente para que mis brazos, estando sueltos, se columpien libremente mientras camino rápido, y aparento estar encabronada. Me veo tan ridícula y estúpida que todos se alejan porque creen que soy una persona enferma que los puede atacar a mordidas y gritos de chimpancé si le dicen algo.

Ésa noche la gente presenció mi método de defensa.

Cuando iba a la mitad del camino, fue que me atreví a voltear atrás de mí. No había nadie ni nada. No sabía si sentirme segura del todo, pues si bien no puede haber nadie a la vista siguiéndome, pueden estar escondidos. Pero bueno, sólo alguien que practica malabares extremos podría esconderse a mitad de un puente peatonal.

Llegué a casa, al fin. Con hambre, sueño y deseos incontrolables de hablar con Efrén, aunque fuera por un rato. Al menos despedirnos para ir a dormir.

Y así termina mi fantástica historia. Podría ser cualquier cosa, pero como dije antes, me caga que me digan que me parezco a John Lennon (o en su defecto, a Harry Potter). Muchos lo hacen actualmente por mera broma, pero si me vuelvo a topar con alguien que me vuelva a comparar con alguno de esos dos personajes, me voy a sentir con todo el derecho de ser tan sarcástica hasta ser considerada grosera. No me va a importar, porque para mí es mayor grosería que me comparen con un personaje porque, según ellos me parezco, que una simple mentada de madre.

El que se lleva se aguanta.

Soy tu pinshi doble, cabrón.
Tu pinche doble. CON SENOS Y VAGINA, cabrón.

FIN

2 pensamientos en “Si no soy John Lennon, soy su hija perdida

  1. puede ser que te parezcas o tengas un parecido. no creo que seas hija de john lennon o por hay si hay que ver que edad tiene porque el murió el 8 de diciembre de 1980 bueno averigua investiga saludo
    posdata: john lennon

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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