Queletzú

Primer ave que cantó cuando salió el sol.

Como siempre lo he mencionado, en un principio utilicé mi blog como un medio para platicar con los pocos amigos que tenía en caso de que no hubiera oportunidad de tener mucho contacto; contando anécdotas, recuerdos, sueños, opiniones o simples payasadas y estupideces. Queletzú era parte de esos amigos.

Los años han pasado. He vivido muchas cosas en varios lugares con pocas personas, a la vez he conocido a muchas personas con varios mensajes y muchos rencores. La mayoría son gente y situaciones que quiero olvidar, momentos angustiantes que ya no quiero recordar. Guardar todo en un baúl de madera y quemarlo todo hasta que no queden ni las cenizas.

No considero que ahora tengan utilidad para mi.
¿Ayudaron a formar mi carácter? No necesariamente. El sarcasmo, el dibujo, la música, ése poder mágico… Siempre estuvieron ahí, pero no hubo un motivo para que relucieran.

Tal vez…

Y a lo mejor no tenía a nadie tampoco. No tenía padres, no tenía hermana, no tenía familia, no tenía amigos…

Pero fui alguien (y ahora me doy cuenta de que lo sigo siendo) para unos cuántos.

Queletzú fue una de esas personas, a lo mejor porque ella “no me conocía”.

Queletzú y yo nos conocimos por internet desde hace casi 7 años por medio de los blogs que otorgaba el Messenger (en ese entonces se llamaban MSN Spaces). Esos “espacios” eran geniales. Muy personalizables, dinámicos y bastante divertidos.

¿No es irónico? Pareciera que es mejor conocer a la gente por internet antes que en persona. Obviamente no es lo mismo conocer a alguien en persona después de un día de haber tenido una conversación por el chat, a conocerla después de 5 años de haber sido mutuos confidentes.

Muchas personas se han cruzado en mi camino, pero pocas me han acompañado lo suficiente como para saber de mi y quererme, y yo quererlos a ellos.

Queletzú es de esas personas que siempre estará presente en mi vida
(lo quiera o no ).

La Nena.
La pinche Nena.
Esto es lo que veía todas las noches cada vez que salía del cuarto para ir al baño.

Y no es que me parezca raro. Sucede que resulta impactante qué tan

poderosa es la magia de la amistad. Cruza fronteras rompiendo barreras sociales, naturales y físicas (?). Es decir, desde un principio nunca imaginé, primero, que fuera una persona con quien mantendría una relación de amistad por tanto tiempo y mucho menos por internet (junto con Karla). Segundo, que llegáramos a conocernos en persona (aunque nuestro primer encuentro fue algo esporádico; si se me permite el uso de esa palabra, ya que fue cuando fuimos juntas a la TNT13). Y tercero, que terminara ofreciéndome posada en su casa. Desde el 1º de Mayo estoy viviendo en su casa con su familia, sus 3 gatos y sus 6 perros.

Es emocionante, como si fuéramos roommates estudiando la universidad (que pues para allá vamos). Su cuarto es todo un pinche desmadre (“pinche chiquero”, diría su mamá). Las paredes son de un tierno color morado, tapizadas (en algunas partes) con un mapamundi y mantas y posters de anime (paredes con nostalgia). Tiene libros, muchos y variados; novelas, política, historia, cuentos, escolares y mangas. Una ventana amplia por donde entran el sol y la lluvia, y a la vez salen risas descontroladas a las 2 de la mañana.Una casa que le falta algo de construcción pero que es estable, está en un pinche cerro hasta una de las tantas quintas chingadas que invaden la ciudad de México (esto me hace consciente de que, no por nada dicen, es una de las ciudades más grandes del mundo). Vivir ahí es vivir en un pueblito que está a un par de horas de la civilización.

Ya que, si hay algo de lo que me quejo (y que es lo único), es sólo de eso: está bien pinche lejos. Ya no es salirse una hora, 45 minutos antes de casa para llegar al trabajo, ahora es salir 2 horas antes para “bajar” (del cerro) e ir al trabajo. El regreso es algo tedioso en las noches porque los transportes vienen atascados. Pero eso sí, ganas cierta fuerza y agilidad en los brazos y en las piernas, ya que tienes que sostenerte de las orillas de las entradas de los camiones para no caerte de la carretera mientras la gente de adentro empuja.

Meh, no todo es tan malo.

Tengo techo, cama (aunque sean un par de colchas y un sleeping bag en el piso), comida (que nadie come, así que yo me la acabo), baño y horas y horas de risas y diversión.

Las mañanas con Queletzú.

Queletzú es una chica inteligente, estudiosa (nerd), cuidadosa, sensible, afectiva, de temperamento fuerte, es noble y tenaz. Y, a la vez, es una pinche cabrona, hija de la chingada, burlona, aprovechada y narcisista, pero sobre todo es muy, muy, MUY divertida.

Queletzú y lo mucho que le importa(s).
“Pitos. Pitos para todos.”

Es una de las pocas cosas que agradezco, que personas como ella sea, no sólo de las pocas amigas (amigos en general) que tengo, sino que sea una de mis mejores amigas.

Gracias, amiguis divis.

FIN

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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