Otro intento

Hace mucho tiempo que no escribo y, como siempre, es porque me han distraído los sucesos que han pasado.

Durante un par de semanas estuve buscando un cuarto de estudiante para vivir (tanto en internet como en la calle acompañada de Efrén), pero ninguna me convenció. La mayoría tenían como condición principal mantener limpio el cuarto y la cama tendida, también las visitas estaban prohibidas (cuartos para señoritas). Nada de eso me molesta del todo, lo que me cagó fue otra de las condiciones principales, era que no debía desvelarme ni hacer mucho ruido en las noches porque iba a tener compañeritas que se tenían que levantar temprano.

Y encima tener que pagar si quería lavar mi ropa en un triste lavadero.

Bah. Mamadas.

Compartir no es lo mío, excepto si se trata de Efrén…

Y empecé a considerarlo más seriamente.

Al rededor de esas fechas comencé a tener la idea de que sería lindo vivir con él. Es más, el simple hecho de imaginar compartiendo con el un espacio y que fuera de ambos me emociona. Es casi como una fantasía. Quiero hacerla realidad…

Días más tarde tuve la idea de irme con Tania (compañera del trabajo) a Cuernavaca para estudiar en la UAEM (Universidad Autónoma del Establo de Morelos) la licenciatura en Artes.
La carrera me pareció muy interesante. Se pueden escoger materias para centrarse en ciertas ramas de la licenciatura y se iba a poder practicar la teoría en el momento. No sé, todo me pareció lindo, y como no pasé el examen de la UNAM y, según yo, la segunda convocatoria ya había pasado, pensé que podía pagar el precio del examen de la UAEM, presentarlo y aprobar. No voy a negar que lo vi como una oportunidad excelente para estar lejos de mi madre.

Aparentemente todo iba bien, hasta que Arashi habló conmigo pidiéndome ayuda para salirse de su casa.

¿Por qué lo vi como una situación urgente? ¿Será porque me vi reflejada? Entendí de lo que me hablaba al decirme que estaba hasta la madre de estar en esa casa, porque yo siempre me he sentido así. Incrédulamente pensé que dándole esa seguridad que yo necesitaba, me la estaba dando a mi misma. Pero no, sólo puse en práctica uno de los síntomas de la esquizofrenia, que es el de no distinguir un YO de un TU. Es decir, pensar que lo que hago para otros, lo hago también para mi.

Estoy mal… Muy mal…

Confieso que sentí la presión que se tiene al jugar tetris. Es cuando las piezas comienzan a caer a una velocidad mayor, y si no las acomodas apropiadamente, arruinarás el juego y tendrás que comenzar de nuevo.

Quería rentar un cuarto, quería estar con Efrén, quería estudiar, quería estar lejos de mi mamá y quería ayudar a Arashi.

Encima todavía no recojo mi certificado del CENEVAL porque no tengo ni acta de nacimiento ni pinches fotografías (clásico que a la linda hora hacen falta).

Maldita presión, cómo jode. Pero lo que más me jode es no saber qué hacer para, al menos, tranquilizarme y poder pensar mejor las cosas y no cagarla.

La vida se dio cuenta de que estaba trabada; estaba perdiendo el juego. Y entonces pasó: le pidieron el departamento a mi mamá, tenía que desocuparlo entre el 10 y el 12 de mayo.

Ahora sí, Ceci. Córrele o te tendrás que quedar con tu mamá en la calle.

Comencé a maquinar planes. El primero era, y siempre fue, irme con Efrén. Pareciera que su situación era similar a la mía, excepto que el único que tenía que salirse de la casa era el… Pero iba a ser demasiada presión si le pedía ayuda. Sería demasiado pedirle que se apurara en encontrar un trabajo para poder rentar un cuarto juntos en menos de una semana. Y eso no existe.

Primero juntaríamos dinero por separado para después podernos juntar. Esto es basándome en la idea de que no puedo ayudarlo si yo no me puedo ayudar.

Ahora la situación se estaba poniendo triste.

En una de las veces en que Arashi y yo hablábamos de nuestras vidas, le conté mi situación. Que necesitaba un lugar a dónde ir, que aún no podía irme con Efrén y que no quería pedirle ayuda nuevamente a Ruth.

Y me dijo “vente para acá“.

El 1º de Mayo fue el día en el que me salí de la casa de mi madre otra vez. Ahora estoy en casa de Arashi, viviendo con sus 3 gatos y sus 6 perros (por cierto, la Nena me odia). Sin embargo, esto aún no acaba. Mi oportunidad de entrar a la UNAM todavía está en pie (me alegra no haber podido pagar el examen para la otra universidad).

Tengo que esforzarme más. Con los estudios, con el trabajo, con el dibujo, con la música…

Conmigo…

Tengo miedo y siempre lo tendré, pero es sólo la base necesaria para tener el coraje de hacer las cosas.

Ahora sólo sé que lo lograré.

Que todo va a estar bien.

Todo va a estar bien.

 

FIN

Un pensamiento en “Otro intento

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