¿Quién es el monstruo realmente?

Cuando salí a buscar la pluma de mi tableta digitalizadora al Centro, me topé con Sanborn’s.

Y me dieron unas tremendas ganas de mear… ಠ_ಠ (????)
Pos ahí voy al pinshi Sangron’s. Voy al baño acá, chido, y ya que salgo veo un letrerito que decía “Baño exclusivo para clientes”. Me le quedo viendo al letrerito y un sentimiento de culpabilidad comenzó a florecer en mi.

 Su p_ta madre les va a comprar algo – pensé, y seguí caminando hacia la salida. Pero estaba en la parte de la librería. Pensé “no pierdo nada” y decidí echar un vistazo.

Vi libros que desde hace mucho tiempo he querido leer y otros que se me antojaron en ese momento. Y me topé con libritos que costaban entre 20 y 40 pesos. Los vi y no estaban tan mal. No son muy grandes ni muy pequeños. Entre los títulos que me llamaron la atención estaban El Mago de Oz y Frankenstein. $25 y $30, respectivamente. Vi mi cartera y estaba cargando con $250 pesos… Y, pos va.

Salí de la tienda algo escéptica sobre la compra que había realizado. Nunca pienso que un par de libros están de más, pero no sabía si realmente valdrían la pena para mi.

Después de la pato aventura que tuve buscando la mentada pluma, yendo hacia el metro conseguí otro libro de John Katzenbach, “Juegos de ingenio” por $150.

Aunque no conseguí la pluma, me fui contenta. Tenía mucho que leer y eso me daba satisfacción.

Me emocioné porque iba a conocer dos de entre tantas historias que tanto me han intrigado. Los orígenes, la trama y el desenlace. Más que nada por Frankenstein. Karla ya lo había leído pero como motivo de estudio para la carrera de psicología. Desde entonces, como que surgió en mi el “gusanito” de leer ese libro. Ta vez porque me gusta compartir cosas con ella.

Al final de la jornada de ese día, en la noche, mientras esperaba el trollebus, saqué el libro de mi mochila. Le quité la envoltura y comencé a inspeccionarlo. Viendo cada detalle, desde su portada hasta la pequeña sinopsis que venía en la contraportada.

“¿Quién es el monstruo realmente?”

Me sentí como un gato que le buscaba el lado interesante a un objeto nuevo y extraño. No es que en mi vida hubiera visto un maldito libro. Sólo que creo que en realidad me sentí incrédula, pero sabía qué hacer para remediar eso. Abrí el libro y comencé a leer.

Y cuando me doy cuenta, me vi leyendo cada palabra impresa en ese libro, desde el prefacio hasta la fecha de impresión en la última página.

Después de que terminé de leer el libro, la adrenalina quedó corriendo por mis venas. Jamás creí que un libro me transportaría, verdaderamente, a épocas diferentes, vivir con los personajes sus experiencias emocionales. Lograr comprender su percepción de la vida.

¿Será porque tengo la suficiente experiencia como para alcanzar a entender esa pasión tirana a la que se refería el sensible de Víctor? Tenerles cariño al aventurero Héctor y a la amorosa Elizabeth…

Pero el monstruo fue simplemente impactante.

Quien me llegó al corazón por su fealdad y su pureza. Quien muchas veces me hizo pensar en mi. Nunca me vi sintiendo la necesidad enorme de abrazar a un ser ficticio (las fantasías sexuales no cuentan (?)) para darle esa protección y ese amor que tanto exigía.

Porque así como yo también sentí el desprecio y el destierro, también aprendí a defender la vida. Cuántas veces quería llorarle y gritarle AL MALDITO LIBRO, para que ese “mostro” grandote de altura y corazón me escuchara, y decirle que la vida no es tan mala. Que la vida es como uno mismo quiere que sea, y que no necesita de la aceptación de otros para ser feliz…

Aunque, creo que Víctor se vio reflejado en su creación de manera negativa. Es decir, ¿por qué otra razón despreciarías algo que te parece feo? Y más si es algo que tu mismo creaste.

Tal vez porque así te sientes tu.

Es como la gente que se incomoda al ver al pordiosero en la calle y que terminan dándole algo de limosna. Como si tuvieran miedo de fracasar y terminar como ése mendigo pidiendo limosna.

Recordé tanto mi desdicha que la desgracia del “ángel caido” envuelve mi corazón en ternura.

La diferencia es que yo no pienso terminar como él. Ciertamente no se merecía el trato que recibió, pero tampoco debió haberse rendido todavía.

Por esa y otras razones más, puedo decir que Frankenstein es uno de mis libros favoritos. Sonará raro, pero me expreso muy bien con ese libro.

La próxima vez que me tope con alguien que me pida una recomendación de lectura para adolescentes, será el primer libro que recomiende. Lectura de  fácil comprensión y escrito por una adolescente. Es simplemente perfecto.

 

FIN

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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