Fly away, now…

Hoy (bueno, ayer) me tocó presenciar la muerte de un ave. Tal vez era un ave común (cocotli, tórtola) pero la forma en que murió fue muy simbólica para mi.

Iba camino hacia el trabajo.  Últimamente he estado pasando por una tienda donde venden un helado que me gusta a un precio barato. Pasé por mi helado, que está a mitad de una cuadra enorme por la que tengo que pasar para ir a la calle por donde pasa el camión para irme a trabajar. Cuando estuve a punto de llegar a la esquina, el semáforo para el peatón se puso en rojo.

Buh, no alcancé a cruzar. Pasaron unos cinco camiones… No culpo al helado.

De repente, en el lado derecho que mi vista alcanzaba, algo llamó mi atención, vi algo que cayó desde muy alto.
Se movía mucho en el piso y pensé que era basura, pero por alguna razón quería cerciorarme de que no era un pajarito o algo así y observé esa cosa con más atención: efectivamente, era un pajarito.

El ave estaba de espaldas contra el piso tratando de incorporarse. Inmediatamente me invadió el miedo de que fuera a ser arrollado por un coche. Pasaban muy rápido cerca de el pajarito. Era tan vulnerable…
Quería apartar la mirada, pero no podía porque de alguna manera quería encontrar una forma para ayudarlo, que los coches se detuvieran a tiempo para que pudiera acercarme al pajarito, recogerlo y soltarlo en alguna otra parte. En verdad, no quería que lo aplastaran…

De repente,  el pajarito logró incorporarse y se quedó sentadito. Maldito cinismo, pero tenía que esperar a que llegara el momento para emprender el vuelo. Y debía ser rápido para alejarse de los peligros de los coches salvajes.

El rojo del semáforo para el peatón estaba a pocos segundos de irse, los coches disminuían, y entonces, el pajarito decidió el momento de salir volando, pero no fue el correcto.
Una camioneta pasó muy rápido alcanzando el verde del semáforo. Tan rápido que el pajarito se estrelló contra la camioneta justo cuando iba a emprender el vuelo.

Mi expresión no pudo ser otra mas que la de un enorme “WHAT THE FUCKING FUCK”.

El semáforo cambió y el pajarito quedó tirado a mitad del camino para peatones.

Caminé y me detuve a un lado del pajarito, y sólo lo observé. Tenía los ojitos abiertos y pensé “no mames, qué poca madre” y seguí caminando hasta llegar a la otra esquina. Seguía comiendo mi helado.

Vi el resto de la calle y noté que estaba casi vacía y faltaba mucho tiempo para que se quitara el alto del semáforo para los coches. Y vi el cuerpo del pajarito, y cómo el viento movía sus plumas como si estuviera vivo.
Pensé “no quiero que lo aplasten” y me acerqué a el. Era tanto mi impacto que mis manos temblaban cuando lo levanté.
Y mientras lo colocaba lentamente bajo la sombra de un árbol, sus ojitos se fueron cerrando poco a poco. Le acaricié su cabecita y sus alas diciéndole que ya todo iba a estar bien, porque ya no iba a sufrir y sentir dolor, hasta que dejó de moverse…

Y fue lo único que pude hacer por el.

 

A lo mejor les parece tonto, pero Ruth me permitió dedicarle un espacio en la ofrenda de éste 2 de noviembre. Le dejé alpiste, agua, un nombre y un dibujo.

Lamento lo que sucedió. Me hubiera gustado que tu destino fuese otro, pero por algo pasan las cosas.
Aun así, lo lamento, lo siento mucho, en verdad, no quería que las cosas fueran así.
Yo sí quería que volaras más.

 

FIN

¿Qué opinaría Adam West? ¿O tu?

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