Qué quieres de mi?

Me encuentro en una casa, una casa grande en medio de un bosque. La casa está vacía, me siento libre, no tengo ningun peso encima, no hay nada mas que yo… eh? quién más está aquí?

Oigo desde afuera pasos rápidos entre hojas secas y la voz de un hombre que grita mi nombre con mucha desesperación, como si me estuviera buscando.

No estoy asustada pero… por qué huyo de esa voz? Es una voz que retumba en mi cabeza y hace vibrar mi corazón. Una voz con miedo, una voz… de ayuda.

Por qué huyo de esa voz? Si no estoy asustada, entonces qué es?

Camino por un pasillo de la casa buscando una salida, y él me ve desde un ventanal.

Cuando lo vi me di cuenta de su aspecto: era un hombre joven, no pasaba de los 25 años. Al parecer hacía ejercicio, incluso pensé “vaya, creo que le gusta ir al gimnasio”. Se veía grande (y tal vez sí lo era), alto. Y muy fuerte.

No pensé en su pasado. No pensé en su historia. En su nombre. Su origen.

Simplemente corrí. Corrí de ese pasillo y llegué a una habitación muy pequeña. Aseguré la puerta, me dejé resbalar por la pared que daba contra la puerta hasta llegar al piso y me encogí abrazando mis rodillas, esperando que nunca me encontrara. Y desde ahí oí cuando logró entrar a la casa. Escucho sus pisadas mientras corre por la casa buscándome, no deja de gritar mi nombre, su voz era desolada. Sus pisadas son suaves, creo que usaba zapatos, como si caminara sobre alfombra, aunque el piso era de madera.

Sin verme logró encontrarme. Golpeaba la puerta de la habitación mientras gritaba mi nombre y decía “Sal de ahí, por favor! No te quedes ahí, salte!!”

Y yo, aun sin entender, cubrí mis orejas con mis manos para no escuchar sus gritos. El seguia golpeando la puerta y yo obervaba fijamente cómo temblaba el pestillo de la puerta al mismo tiempo que la misma era golpeada, cerré los ojos con temor a que el pestillo se fuera a romper, y de repente solo hubo silencio. Abrí mis ojos y oidos lentamente para darme cuenta de que nada estaba sucediendo, miré hacia la puerta y nada la estaba golpeando, hasta que algo sonó en la ventana del baño, la cual estaba en la pared donde yo estaba recargada. Me levanté para ver la ventana, la cual estaba a 30 centímetros arriba de mi cabeza. El me observaba desde ahí con las manos pegadas a la ventana. “Sí que es alto”, pensé.

Y de repente me encuentro perdida en su mirada.

Sus ojos eran tristes y grisáceos.

Por alguna extraña razón me dió ternura, quería tocar su rostro y abrazarlo.

Rodearlo con mis brazos. Solo eso.

Me acerqué lentamente para tocarlo con una de mis manos a travez de la ventana. Pude notar la reacción en su rostro, una reacción de sorpresa, como si algo inesperado estuviera ocurriendo. Pero en cuanto las puntas de mis dedos llegaron a donde estaba su rostro, golpeó tan fuerte la ventana que se rompió. Sus brazos ensangrentados se movian, alargando sus dedos para alcanzarme. Gritaba de nuevo mi nombre y decia “no te vayas, no quiero que te vayas”. Pero yo sin más abrí la puerta y salí corriendo de ahí.

Ahora sí estaba asustada. Tal vez me impactó aquella imagen.

Su voz. Aun podía oirla. A veces más lejos, a veces más cerca. Supuse que era porque a veces salía y a veces entraba.

Llegué a una habitación grande y vacía, por supuesto, no habia nada en esa casa. Giré y veo un ventanal adornado con cortinas blancas y largas, casi transparentes. Habia una puerta en medio, y afuera unas escaleras que iban hacia abajo. Una salida?. Inmediatamente corrí hacia el ventanal. Hice aun lado las cortinas, abrí la puerta del ventanal… y ahora me encuentro en un hermoso jardín. Veo al fondo y entiendo que aun estoy en medio de un bosque. Me adentro hacia el jardín y veo flores de muchos colores. Extrañamente comencé a sentirme feliz. Y en ese momento me doy cuenta de mi propia apariencia: y solo estoy vistiendo un vestido azul.

UN VESTIDO!?

Y estoy descalza.

Pero… UN VESTIDO!?!?… y AZUL!?
Bueno, el azul me gusta…

En fin.

Me siento muy contenta. Ya no escucho sus gritos en el aire. Me dejo caer en el pasto y quedo rodeada de flores. Ruedo sobre el pasto. Siento el olor a tierra mojada, una brisa refrescante. Todo era muy tranquilo.

Quedé boca arriba y vi el cielo. Habia una que otra nube.

Y de repente, su voz otra vez.

Dice mi nombre una vez mas. Estaba tranquilo.

Sin darme cuenta que estaba frente a mi, me pongo de pie y quedamos frente a frente, a una cierta distancia como de tres metros.

El corre hacia a mi y me rodea con sus brazos.

Recargó su cabeza sobre mi hombro y comenzó a llorar. Era un llanto triste, de alguien que se siente solo.

Yo solo me quedé pasmada. Me dejé llevar por su peso y quedé sentada sobre mis piernas. El jamás me soltó, me sujetaba más fuerte y seguia diciendo, junto con mi nombre, que no me fuera. Que me quedara.

Comencé a desesperarme. Lo alejé suavemente de mi y le pregunté “irme?” y el solo me veía con sus ojos grises llenos de ternura. Finalmente le pregunté “quien eres tu?” pero volvió a abrazarme.

Le devolví el abrazo.

Demonios! sí que el tipo era grande! Mis manos no alcanzaban a tocarse!

Cerré los ojos por un instante mientras apoyaba mi cabeza sobre la de él.

Y cuando volví a abrir los ojos ya no habia nada. Solo un espacio blanco. Y habia un niño golpeando una de las paredes blancas.

En verdad era un niño?

Me levanté para acercarme a ese niño y preguntarle “qué estás haciendo?”

El niño… era el mismo joven de ojos grises pero más pequeño. Llegaba a la altura de mi cintura.

Sus manos sangraban de tanto golpear contra la pared, la cual parecía no haber recibido ni un rasguño. Estaba intacta. Simple y plana.

Me inqué frente a el y me dijo “quiero salir de aquí, ya estoy harto de este lugar” mientras seguia golpeando la pared. Sus ojos lloraban de coraje. Un enojo realmente profundo.

Entonces dejó de golpear, giró hacia a mi con la mirada hacia abajo y dijo “dámelo”.

.- Qué?

.- Eso!

.- Eso? de qué hablas?

Volvió su mirada hacia a mi. Sus ojos grises me intrigaban. Su mirada era decidida. Todo lo contrario a lo que había visto antes. Se acercó hacia a mi y me sujetó de los hombros.

.- Lo que necesito para salir de aquí lo tienes tu.

Yo seguía sin entender. Qué podía tener yo que el necesitara para salir de aquél lugar?

De repente apareció atado en mi muñeca izquierda un listón. Era del mismo color de mi vestido. Lo vi extrañada, me pregunté si lo tuve ahí todo el tiempo. El joven exclamó “eso! dámelo”, se sentó sobre sus rodillas frente a mi y comenzó a forzar el listón para desamarrarlo de mi muñeca. No paraba de decir “lo necesito, lo necesito”.

Jamás pudo desamarrar el listón.

Lo noté algo desanimado, por no decir decepcionado.

Le dije “yo lo haré”. Me puse de pié, jalé el listón de un extremo y facilmente se soltó de mi muñeca.

Sostuve el listón suavemente con la mano.

Lo miré sonriendo mostrándole el listón.

El ya no era pequeño, volvió a ser alto.

Y simplemente estaba muy feliz, me veía como diciendo “gracias”.

El tocó el listón y del listón salió una luz muy brillante.

 

 

Cuando abrí los ojos ya era de día.

 

FIN

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