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Esto ya tiene que terminar

Hace cuatro años tuve una de las experiencias que pudo haber sido la mejor de todas.

Pero duele.

Efrén me duele.

Necesito cerrar ese círculo pero no puedo hacerlo porque él me ve como una necesidad para llenarse un maldito vacío. Aunque su alma pretenda estar muerta se sigue cegando por su libido de puberto.

El año pasado lo intenté y no se logró. Soy tan ilusa que pretendía formar un vínculo de amistad. Sólo a mi se me ocurre hacer ese tipo de estupideces.

Y tan estúpida soy que este año pensé intentarlo de nuevo, hablarle otra vez; últimamente lo he visto en todas las partes que conforman la universidad donde estudio; en mis compañeros de clase, en mis textos, en las conversaciones ajenas, en los estuches de guitarra, en las zonas verdes, incluso en el camino hacia el metro. Sé que no es él, que no está y que jamás aparecerá por esos rumbos. Y lo veo porque me entró la necesidad de verlo otra vez para hablar y terminar con esto. Porque me aturde, me perturba, me desequilibra. Es una de las cosas que me está impidiendo ser yo otra vez porque soy muy tonta. Pero él es tan inmaduro como yo, o quizás lo es más pero somos igual de egoístas, siempre viendo por uno mismo a costa del otro. YA BASTA.

“No eres tú, soy yo”. Y, sin embargo, somos ambos los que tropezamos al mismo tiempo sin querer aceptar que nos equivocamos, para podernos perdonar con nosotros mismos y seguir adelante, porque el miedo al cambio sigue presente en uno de los dos. No vengas a decirme que no me necesitas, porque, en realidad, aún crees que me necesitas.

No quiero ser la mujer ideal de alguien, no quiero ser tu fantasma, no quiero ser un receptáculo de miedos, enojos y ansiedades. Ya no nos maltrates.

No eres fuerte ni yo tampoco, no podemos hablar entre nosotros hasta que sepas hablar contigo mismo, eso es algo que tienes que aprender. Yo lo sigo aprendiendo. Yo lo sigo intentando. Es difícil, el miedo es terrible, el esfuerzo es brutal, pero si realmente quieres lograr un cambio empieza por ahí: aprender a estar contigo.

  • ¿Vas corriendo delante de todos?, ¿lo haces como pastor o como ser excepcional? Puede  haber un tercer caso: el que corre porque huye… Primer caso de conciencia.
  • ¿Eres sincero o no eres mas que un comediante?, ¿eres un representante o eres eso mismo que representas? En última instancia, puede que no seas más que la imitación de un comediante… Segundo caso de conciencia.
  • ¿Eres de los que se quedan mirando o de los que echan una mano?, ¿o de los que apartan la vista y se marginan?… Tercer caso de conciencia.
  • ¿Quieres ir al lado de los demás, andar delante de ellos o caminar solo? Hay que saber qué es lo que queremos y el hecho mismo de que queremos. Cuarto caso de conciencia.

“Cómo se filosofa a martillazos”, Nietzsche, F.

No te busques en los demás, jamás te vas a encontrar.
No te abandones por otros, jamás te salvarán.
No te caigas por alguien, jamás te levantará.

No te estanques, por favor.

No te estanques, MUÉVETE.

Conócete, siéntete, háblate y escúchate.
Si algo aprendí sobre la soledad es lo siguiente:
Cuando es tu enemiga, mueres.
Cuando es tu amiga, vives.
Pero eso es algo que tú decides.

Todo esto ya lo digo con desesperación porque, en verdad, quiero terminar con esto; quiero que me dejes en paz y yo dejarte en paz. Quiero estar tranquila, quiero dejar pasar esto y recordarlo como algo bueno y positivo. Hace cuatro años empezó esta película que pudo haber tenido el mejor final de todos los tiempos, pero sus secuelas han ido arruinando la historia cuales malditos remakes mierderos de Neon Genesis Evangelion.

Sólo hay que decir “gracias, adios” y todo terminará.

Sólo eso.

Año 1, día 145

No estoy sobrellevando las clases en ningún aspecto. Mi sentido de la abstracción es reducido y eso me limita en tiempo para cumplir con las lecturas correspondientes. Debo encontrar la manera para mejorar mi sentido de la abstracción lo más pronto posible o no podré seguir estudiando la carrera.

Mi cabello

Estoy dejando crecer mi cabello porque tengo ganas de que esté lo más largo posible, por lo tanto no me he recortado el fleco ni las puntas (aunque ésas tal vez sí deba cortarlas pues tiendo a tener orzuela). Quiero saber cómo me queda el cabello largo. Creo que el cabello corto se me ve bien, pero no lo disfruto tanto (el secado del cabello después del baño es uno de los pocos puntos positivos que le encuentro). También me gustaría usar algún color de esos extraños que usan los otakus y los hipsters con expansiones en las orejas, pero aún no sé de qué color me gustaría. Tampoco sé qué parte quisiera tener el color o si serían varios colores. Sólo sé que no quiero que sea en todo el cabello, además, sería más caro.

Me gusta su forma y su caída excepto en la parte de arriba, la forma en la que se acomoda me parece que no va acorde a lo demás, “descuadra” dentro del caos que es mi cabello; tengo mechones lacios, otros rizados, otros ondulados, y además todo está cortado en capas. Desde que mi mamá me enseñó a cortarme el cabello cuando tenía 17 años, hice muchos experimentos en cortes, algunos con efectos muy positivos y otros no tanto, pero estaba orgullosa de todos, aún de los que me quedaron horribles, porque los había hecho yo. Pero todavía no he encontrado la forma perfecta para esa parte de mi cabeza, tal vez deba esperar a que crezca más para ver cómo queda.

Una vez me pinté el cabello y fue de un negro que tenía reflejos azules con la luz, me encantó cómo se me veía, lo usaría de nuevo si el reflejo fuera de otros colores.

Me gusta mi cabello y trato de cuidarlo lo más posible. No uso otros productos químicos aparte de shampoo y acondicionador, pero si pudiera haría mis propios jabones con productos más naturales. Sólo me falta beber más agua para reducir mis problemas de orzuela y caspa.

Año 1, día 141

¡Lo logré! Logré adaptar mi cuerpo al sueño de cinco horas, durmiendo desde la media noche y despertando a las cinco de la mañana cuando aún es de madrugada. Ahora el siguiente paso será enseñarle a mi cuerpo el hábito de levantarse para desayunar y hacer ejercicio.